Saturday, May 23, 2009

Insomnio

Agua en los ojos,
de lágrimas muertas de sol,
Ocre y cenizas,
Pelos de gato entre las comisuras
De mis labios
mis labios
mis labios
Los reflejos emigraron,
A los espejos diurnos de seda
Y el vació del pecho abierto
Floreado por una bala de semen.
Removí la espuma de tu boca
Tus intestinos como un tendedero,
Allí colgué la verguenza de verme desnudo
Erré en el nombre y la lengua se me hizo
espuma de sangre, huesos lácteos
¿Se le ofrece algo más, Señor?
Tomó sus pertenencias y se prendió fuego
Frente a nosotros (¿lo viste?)
No, estaba ocupado tragando sueños.

Saturday, May 16, 2009

El nombre

- No bromeo cuando te digo que fueron cinco veces que le cambié el nombre.
- Qué imbécil eres. ¿Y qué te dijo?, ¿cómo la volviste a convencer?
- No se trata de convencerla, sino de hacerla hablar. Se quedó callada por el resto de la noche.
- Es la costumbre, a muchos les pasa eso.
- Es un lapsus, como el del presidente, ¿te acuerdas?
- Sí.
- Pero no fue mi intención de engañarla. Solamente...
- Siempre te escudas en tus defectos. Freud afirma que no hay accidentes.
- Trato de ayudarme, sé que no es fácil. Son siete años.
- Ahora le echas la culpa al tiempo.
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
- Nosotros, sí. Fue hace mucho.
- No. Ana y yo. ¿Ya vamos a llegar?
- Sí recuerdo, y sí, ya estamos cerca.
- Lo que tuvo que pasar para que esa noche ella y yo pisáramos el mismo bar.
- Ella trabajaba cantando con los cubanos, los que llegaron a quitar el trabajo a los primos de Martín. Los cubanos hicieron un grupo, con ella como cantante, y a los primos de Martín los dejaron como pendejos. Cuando la viste cantando Delirio te quedaste como ido.
- Martín no era más que un pinche borracho. Por eso lo corrieron a él con todo y primos. Además los cubanos son eso: cubanos.
- Esos putos hasta las mañanitas mexicanas las tocan en son. ¿Y ella?
-Siempre se les para un chingo de gente afuera del bar. Hasta la gente que va cruzando el puente. Pero ya quisiera que esos huevos de Castro tocaran las de Chick Corea como nosotros...
- ¡No mames! Acéptalo: Rey es más cabrón que tú en la guitarra. Ese perro toca con los dedos; tú tocas con púa. ¿Y ella?
- Si hubiera practicado sería más cabrón que él. Además ese güey estudió con un discípulo de Bawer, así quién no.
- Por eso Ana te mandó a la chingada.
- ...
- ¿Qué? ¿Nomás ...?
- Pus' sí. Sin pedos. ¿Para qué le hago al pendejo?
- Ya ve preparando el pedo.
- Son un chingo. No se te hace una mamada. Después de que las rompiste ahora le quieres regresar el album con las fotos todas parchadas. Qué ojete eres. Esa vieja no se merece eso.
- ¡Puta madre! Mira quién habla.
- No, wey. Es en serio. Esa vieja si gastó un chingo en esas fotos mientras anduvo contigo.
- Pus' sí wey, pero yo las tomé con mi pinche cámara.
- Ahh, por cierto ¿sabes qué me dijo de tu pinche cámara?
- ...
- Qué te olvidaras de tu camarita porque te iba a regresar pura madre, bueno, dijo pura...
- ¡Laverg...! Es más, no sé ni porqué putas le traemos estas mamadas. ¿Por qué no se las quemo en su pinche cara?
- Porque la extrañas.
- Fueron tres años y medio. Ya ni nos veíamos, pero sí se siente culero. Sí, wey, no la he superado. Su wey la dejó bien desubicada, ella siempre ponía cara como de...
- De que lo extrañaba.
- No. Cara de tristeza, como si el tiempo con él hubieran sido miles de años. Un hastío desértico. Cuando yo la veía casi podía olfatear su desierto triste.
- Nunca dejaba las cosas en su lugar. Eso te encabronaba. Cada que ella hacía eso a ti como que se te iba el pedo.
- Son pedos míos más que de ella. Todavía le dí chance de que hablara con ese wey en el café.
- Así como Ana me dió chance de hablar con la Otra en la plaza.
- Sí, pero cada segundo que habló con él fueron como años.
- Y yo cada segundo que hablé son la otra fueron como milésimas de milésimas de segundo.
- ¿Hubiéras permitido que Ana hablara con se ex?
- ¿Le habrías impedido a Ella que hablara con su exnovio?
- Me caga cuando me respondes con otra pregunta. No, ultimádamente muy su pedo. Yo hice lo que tenía que hacer. A ella sólo le queda el recuerdo. A mí la satisfacción de tenerla para mí.
- Aunque por el sueño que tuvo la mandaste a la chingada.
- ¿Qué querías? ¿qué me tragara el choro del sueño?
- No se. Es medio raro el sueño.
- Algo. ¿Te lo contó?
- Sí. No sé si te lo contó como a mí.
- Soñó que lloraba frente a una tienda de vestidos de novía. Ella bebía una cerveza en un vaso con trozos amargos de mango en la base. Cuando cayó en la cuenta de que la había dejado, corrió hacia la tienda de novias. Yo llegaba mojado de cuerpo entero, sin embargo en el sueño no llovía.
- Pero esa noche acá en la ciudad llovió, y mucho.
- Cuando llegué la cargaba del hombro un sacerdote queretano con nombre de extranjero, era muy robusto y sudaba muchísimo. Había mucha gente alrededor. Por alguna extraña razón Ella vomitaba sangre mezclada con trozos de mango. Del fuerte abrazo que me dio me sacó todo el aire.
- Sí, Ella era flaca pero no menos fuerte que tú.
- Mientras Ella me abrazaba una considerable población de hormigas subían por mis piernas. Más que picarme, comenzaron a comerse mi piel. Luego la carne. Por último el hueso. Dibujaron mapas inéditos de secuelas rojas con mares de pus y ríos de pus y lagos de pus. Ella dejó de abrazarme. Se sacó su estómago y comenzó a comérselo. Comenzó a correr hacia un puente que estaba adelante de la tienda de novias. La llamé cinco veces pero jamás volteó. Escuché voces y ruidos de máquinas de escribir. Escuché repetidas veces el ruido que produce un plug al conectarse a un amplificador de guitarra prendido. Escuché cómo un machete caía sobre el cuello de un cerdo. Escuché la cabeza del cerdo caer al piso. Escuché a su madre cantando una canto de alabanza que se convirtió en fúnebre. Escuche un parabrisas partirse en mi cabeza. Escuché el crujido de mis huesos triturados entre fierros retorcidos. Escuché el llanto de unos cachorros de perro recién nacidos. Escuché, si bien de manera muy suave, el sonido del hocico de la madre de los cachorros mientras se comía su propia plancenta, quizás a uno de los cachorros ncaido muerto. Ella permaneció callada por el resto de la noche. Yo hice lo mismo. Tampoco escuché ningún grito del cerdo.
- Es la costumbre. A muchos nos pasa eso. Acabo de soñar que me contestarás sí antes de que terminemos de entregar el albumde fotos.
- Vamos a ver a Rey. Martín ya está muerto. Las fotos Se las entregamos al rato.
- Ahora le echas la culpa al tiempo.
- Sí.

Saturday, May 9, 2009

La entrada

Tras dar la vuelta se vió sólo. Los ruidos de una fiesta pasada se recompusieron en su fatal presente mientras caminaba por la avenida. Deseó haber ido cubierto por una manta de algodón. Solamente sintió una leves llagas en la entrepierna producto de la fricción que le provocó el cuarto día con el mismo pantalón. El hambre fue, más que un motivo, un estímulo para acaparar la imaginación. Y escribió.