Quien escribe para el mercado padece de soledad, de una soledad plástica, compartida por todos. Quien escribe para el mercado tendrá un libro bonito, producto de la soledad en compañía: una bonita colección de pastiche. Quien presume haber escrito un best seller será el monarca de los solitarios, el rey apodíctico al finalizar el día. Al anochecer la soledad es demagogia y la escritura es un remedo de la ficción -palabra que abrevia a la complejidad imcomprendida. No. Un remedio de la fricción.
Quien escribe para los medios reproducen sus soledades en sus lectores. Escriben bonito y son necesariamente intelectuales, voceros, rescatadores de criterios, palos de ciego, lazarillos con moquillo, formadores de opinión. Son solitarios ejemplares. Beben soledad en forma de café, fuman soledad en forma de cigarro, en un ritual que aburre y mediocriza al más obstinado. El reportero se autosinonimiza en intelectual, el intelectual se queda más sólo que nunca; el periodista hiede a soledad. El editor se pudre en soledad. El director del periódico se come la misma soledad que ha cagado, pero, al contrario de sus subordinados, carga más dinero en el bolsillo. El periódico, tras un día solo (soleado de soledad) servirá para envolver soledad.
Las voces de la televisión son más solitarias que estupidas: no provocan ecos. Lo más estupido del caso es que, al gritar neciamente, las voces de televisión reproducen antiespectación, decepción, melancolia de tiempos mejores, de programas mejores, de actores de telenovela mejores, de programas infantiles mejores. Uno termina sentado esperando matar el tiempo para darle vida suelta a la soledad.
Las mujeres de televisión también eran mejores. Antes sí lloraban de verdad.
Soledad, señores, es demagogia. La soledad es democrática, también, pero más demogógica. Llena zócalos, desboca razones, se devora a los criterios y tiene diarrea de opinión. La sudamos en las marchas. Las quejas de los automovilistas varados son manifestaciones glotonas de soledad. La soledad sustituye nuestra capacidad de pensar por un kilo de mierda. Siglo XX: soledad; siglo XXI: soledad. No llegaremos al XXI, pero seguro: soledad. Previo al XX: soledad. El sedentarismo surgío como una prolongación compartida de nuestra soledad. En realidad no había otra alternativa. El monarca, los dueños de los medios de producción, el negro minoritario (no es pleonasmo, el niño muerto, el dios objeto de luto y la muerte del autor. La madre por instinto y la madre abortista. La mirada blanda del orgasmo y el adolescente suicida. El lugar común y el mercado absoluto y absolutorio. Las letras y la mascota favorita. La leyenda urbana y el hedor a frijoles de olla. Todo es soledad. Demagogia y soledad.
Saturday, September 12, 2009
Subscribe to:
Posts (Atom)